Ideario del movimiento

IDEARIO DEL MOVIMIENTO DE LAS HERMANDADES DEL TRABAJO DE ESPAÑA

PROLOGO

A los quince años de vida, con más de veinte Consejos repartidos por toda España, y cerca de doscientos mil afiliados, cuando nuestras obras despiertan la admiración de propios y extraños, las Hermandades del Trabajo promulgan y aprueban solemnemente su Ideario como fruto maduro de una elaboración continuada. Tampoco hubiera convenido antes.

Se nos echaba en cara que nacimos al azar, inopinadamente y vivíamos apenas sin norte y objetivos. Nuestra réplica fue siempre la misma invitación amable: Venid y nos conoceréis.

Ni fuimos ni somos una improvisación. La necesidad nos sacó a escena de manos de la Providencia y nuestra autenticidad nos defiende del anónimo y del confusionismo. Somos diferentes. Esa conjugación de lo apostólico y lo social, con su base firme económica, nos distingue de los demás. Aparte de otras notas peculiares. La calificación de nuestra vida la remitimos a los frutos.

No hubo salto en el vacío. El Ideario estaba gestándose. La letra ha sido hoy el pulso de la vida registrada en fórmulas. Así nacieron muchas obras famosas. La Odisea la cantaron los rapsodas antes que Homero. Las Summas de la Edad Media salieron de la discusión fecunda de las Escuelas; también aquí la hubo con el fuego de la mejor voluntad.

A golpes de experiencia han venido las Hermandades forjando su Ideario. Inductivos como hijos del trabajo, hemos ido aflorando ideas vaciadas de los propios hechos. La chispa saltó del pedernal.

El Ideario viene a ser a un tiempo la idea encendida que ilustra el impulso emocionado que mueve y un programa concreto que compromete. Por eso el Ideario recoge fines, estilo y peculiaridades. Todo el calor de la mística de Hermandades con todo su dolor y esperanza. El prurito apostólico, la preocupación social, el estímulo y orgullo profesional, la confianza alegre, han quedado prendidos entre las mallas de este Ideario, alentándonos a través de la letra viva.

Nos definimos católicos amantes de la Iglesia y sumisos a su Jerarquía. Nos duele la apostasía de las masas obreras y buscamos su encuentro con Cristo. A fuer de humanos promocionamos al trabajador para que se labre a sí mismo su felicidad con dignidad y competencia. Nos duelen las injusticias y protestamos de ellas, pero condenamos el odio y proscribimos los lamentos.

Reivindicamos un más alto nivel religioso, social, cultural y económico para el trabajador, que sabrá aceptar en consecuencia su puesto de dirección en la familia, en la empresa y en la sociedad. La mujer vive incorporada a nuestra Obra con el pleno honor de una misma responsabilidad. Para nuestra juventud guardamos nuestros mejores augurios con las armas más idóneas para la victoria.

Somos de garra, pero con grandeza de alma para abrazar y comprender. Definitivos en nuestros modos, sabemos respetar otros estilos.

Nuestras obras sociales, índice de esfuerzo y exponente de posibilidades, nos empujan a una línea de promoción y confianza.

Buscamos esa unidad entre los hombres y los pueblos que pueda hacer más católica a la Iglesia y más fraternas las relaciones entre todos.

Como final de esta presentación, mis más sinceras y efusivas gracias a cuantos han hecho posible este Ideario, dándole vida y ajustándole en fórmulas. Los unos con su labor anónima de testimonio claro y silencioso, los otros con su acierto de expresión y lógica. Es obra de todos y de siempre; de los que se lo merecieron y de aquellos otros que lo harán posible. Por eso no limito mi gratitud ni mi esperanza.

Firmo estas líneas en un Jueves Santo del año conciliar, en vísperas de partir para América, donde con tanta pujanza apuntan ya las Hermandades. Fecha y coyuntura.

- Abundio García Román -

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